Aves talladas en madera acercan la naturaleza a niños con discapacidad visual

El Laboratorio de Innovación Social en Discapacidad Visual Oculab UC realizo un programa piloto diseñando aves talladas en tamaño real para que nuestros alumnos ciegos y baja visión pudieran aprender sobre educación ambiental y vivir la experiencia de conocer las diferentes aves mediante el tacto.

Durante estos últimos meses en cuarentena, el artesano Richard Bravo ha estado tallando aves de madera: el halcón peregrino, el carpintero cabeza roja y el martín pescador se han ido sumando a una colección que partió hace 15 años y que desde el 2019, forma parte de un proyecto del Laboratorio de Innovación Social en Discapacidad Visual OcuLab UC.

La alianza se puso en marcha en octubre del año pasado, cuando el laboratorio empezó a usar algunos de estos modelos, todos hechos a tamaño y con características reales, para enseñar a niños con discapacidad visual sobre educación ambiental y reconocimiento de aves. En el programa piloto, las piezas se llevaron hasta las salas de clases de los niños de 4° y 5° básico del colegio Santa Lucía, de la Fundación Luz, y los escolares pudieron tocarlas y familiarizarse. La idea ahora es llevarlas a más espacios con niños con discapacidad visual.

‘Una de las primeras cosas que hicimos fue ir a hablar con el jardinero del colegio y observar el patio, para saber cuáles eran las aves que los niños oíana su alrededor’, explica Valeria Oppliger, miembro de OcuLab y parte del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad de la U. Católica.

Tras ese primer paso, se decidió enseñar sobre queltehues, chincoles, mirlos, tórtolas, gorriones, cotorras y picaflores, entre otros.

Además de que los niños pudieran tocar las artesanías, se les llevaron registros de cantos y se les invitó a hacer nidos según lo que aprendían: el del picaflor debía ser mucho más chico que el del queltehue, por ejemplo.

‘Me gustó escuchar el canto de las aves, porque cantan lindo’, dice Alice Ríos sobre su experiencia. Su compañero Luis Fernando Millán complementa que su parte favorita fue tocar los pájaros de madera, ‘porque nunca he sentido uno en la vida real’.

‘Para todos es difícil tener un pájaro en la mano o verlo desde muy cerca’, indica Richard Bravo. ‘Al trabajarlos en escala real, las personas pueden tener imágenes bastante parecidas en cuanto a medidas o forma de las alas’, agrega. De paso, al conocer sobre ellos se ayuda a crear conciencia ‘sobre la importancia de no cazarlos’ y entender su rol dentro del ecosistema.

En pandemia, el proyecto Vecinos con Plumas ha seguido trazando posibles nuevas alianzas —se tiene la idea de llevarlo a niños con síndrome de Down— y ha reforzado la idea de que al estar en casa también se puede estar atento al canto de las aves. Y Richard Bravo ha seguido tallando.

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