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Estudio Trayectorias Laborales

Este estudio busca comprender la transición laboral de las personas con discapacidad visual en Chile, en un contexto marcado por avances normativos, pero también por la persistencia de barreras estructurales y culturales que limitan la inclusión. A través de una encuesta aplicada a 70 personas adultas con discapacidad visual, se levantó información sobre características socio-demográficas, educativas, de salud y trayectoria laboral, así como sobre percepciones de autonomía, apoyos, motivación y percepción de discriminación en el trabajo. Los hallazgos ofrecen una visión de algunos factores relevantes en la inserción laboral, y pueden constituir una base para orientar políticas y programas de apoyo a la inclusión.

Características y datos relevantes

La caracterización de la población participante muestra un grupo diverso, pero con ciertos patrones claros: predominan las mujeres, residentes en la Región Metropolitana y en situación de vulnerabilidad según el Registro Social de Hogares. La mayor parte de la muestra se concentra en edades adultas, especialmente entre los 30 y 59 años, lo que corresponde a un tramo vital en el que la participación en el mercado laboral adquiere especial relevancia.

En relación con la discapacidad visual, la mayoría presenta baja visión, pero también existe un grupo considerable con ceguera, lo que refleja la heterogeneidad de la muestra. La edad y el origen de inicio de la condición son diversos, con predominio de casos adquiridos en etapas adultas, aunque también aparecen trayectorias de origen congénito. La mitad de las personas declara que su discapacidad es progresiva, lo que supone necesidades de adaptación constantes. Asimismo, una parte significativa convive con otra discapacidad, planteando escenarios de multidiscapacidad y mayores desafíos para la inclusión.

Finalmente, el alto nivel de formalización en el acceso a credencial de discapacidad y pensión de invalidez muestra un reconocimiento institucional amplio, aunque no asegura por sí mismo condiciones de inserción laboral equitativas. En el ámbito educativo, se evidencia un capital formativo importante: gran parte de la muestra alcanzó niveles medios y superiores, con una presencia significativa de educación universitaria y un grupo menor con posgrado. Sin embargo, la mayoría no se encontraba estudiando al momento de la encuesta, lo que refleja que la continuidad educativa no es la norma, aunque sí hay personas retomando estudios escolares.

La realidad pre y post diagnóstico

En cuanto a la trayectoria laboral, casi la totalidad ha trabajado en algún momento de su vida, lo que muestra una inserción laboral previa significativa. No obstante, la proporción disminuye al considerar la etapa posterior al diagnóstico, lo que evidencia que la discapacidad visual introduce nuevas barreras de continuidad en el empleo. Aún así, el uso extendido de tecnologías adaptadas y la alta disposición a insertarse o mantenerse en el mercado laboral sugieren que la motivación y las competencias – en este ámbito – parecieran estar presentes, siendo las condiciones externas y estructurales las que mayormente condicionan la inclusión.

En segundo lugar, los resultados muestran que la continuidad laboral después del diagnóstico de discapacidad visual se asocia con ciertos factores sociodemográficos y formativos. Se observa una leve participación mayor de hombres en el grupo que ha trabajado post diagnóstico, mientras que la participación femenina disminuye.

Asimismo, la edad de inicio de la discapacidad marca diferencias importantes: quienes se mantienen activos laboralmente suelen haber adquirido la discapacidad en etapas tempranas, mientras que entre quienes no han trabajado después predominan los inicios más tardíos, especialmente entre los 41 y 60 años. El nivel educativo aparece también como un elemento clave, ya que en los primeros se concentra una mayor proporción de personas con educación universitaria completa y posgrado, mientras que en los segundos destacan más los niveles medios y técnicos.

La importancia de las redes de apoyo

En cuanto a las dimensiones psicosociales, ambos grupos muestran altos niveles de motivación y autonomía, pero con matices diferenciadores. Quienes han trabajado tras el diagnóstico tienden a sentirse más confiados en sus capacidades, especialmente si cuentan con adaptaciones, y perciben un mayor respaldo familiar en el proceso de inclusión laboral.

No obstante, este grupo también reporta más experiencias de discriminación y reconoce un menor apoyo externo fuera de la familia. En síntesis, la continuidad laboral después del diagnóstico parece estar más estrechamente ligada a trayectorias educativas avanzadas, a la experiencia de un inicio temprano de la discapacidad y a un mayor nivel de confianza personal y apoyo familiar. Sin embargo, estos elementos no logran eliminar las barreras externas que persisten, como la discriminación y la falta de redes de apoyo extrafamiliar, que siguen siendo un obstáculo significativo para la plena inclusión laboral.

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