Si bien Chile cuenta con un marco regulatorio y algunas estrategias de política pública que incorporan la accesibilidad como principio y objetivo fundamental, en la práctica persisten importantes brechas en su cumplimiento, considerando además que estas medidas tienden a concentrarse en la movilidad reducida, sin incluir de manera suficiente las necesidades de otros tipos de discapacidad, como la visual.
Esto genera una importante brecha entre lo que se consagra en la normativa y lo experimentado cotidianamente en el transporte público por las personas usuarias con discapacidad visual. Para comprender mejor estas tensiones y la realidad concreta de quienes enfrentan dichas barreras, Fundación Luz reunió testimonios y experiencias en entrevistas con personas con discapacidad visual y profesionales vinculados a su proceso de rehabilitación.
Algunos hallazgos relevantes
Entre los relatos de los entrevistados y entrevistadas se valora el metro de Santiago como el medio más accesible, estable y predecible, en contraposición con la alta incertidumbre y falta de señalización en buses y micros. Esta percepción se da principalmente porque el metro ofrece certezas para las personas con discapacidad visual respecto a sus estaciones (lugar de inicio de un viaje y paradas), frecuencia de la llegada de los vagones y – en las líneas que está operativo – el sistema de aviso de parada con el nombre de las estaciones por medio de parlantes en los vagones.
La brecha no solo se da en la infraestructura física (paraderos, avisos, caminos podotáctiles), sino también en la interacción social y la disposición de los conductores, evidenciada en la negativa de algunos taxis y colectivos a prestar servicio. Las zonas rurales y regiones presentan una doble desventaja: menor frecuencia y cobertura de transporte, y menor cultura de apoyo a personas con discapacidad visual, sumado a un sistema mucho más antiguo y sin adecuaciones.
Cambios que podrían mejorar la experiencia
En términos de mejora, las propuestas surgidas de los testimonios apuntan a:
- Implementar avisos audibles de paradas en buses, micros y todas las estaciones de metro.
- Completar caminos podotáctiles en todas las estaciones de metro.
- Mejorar la señalización accesible en paraderos y terminales.
- Fortalecer la fiscalización frente a conductores que discriminan en el servicio.
- Ampliar la formación y sensibilización de personal y ciudadanía sobre discapacidad visual.
Estas líneas de acción permitirían reducir la dependencia de apoyos informales, aumentar la autonomía y mejorar la experiencia de desplazamiento, especialmente fuera de la capital y en zonas de baja cobertura de transporte.
